Querido febrero:
Pese a ser el mes más corto, tu intensidad no ha tenido límites.
Has puesto patas arriba mi vida y aún no he conseguido quitarme el esmalte de principios de año.
He vuelto a saltar al vacío más de una vez, a ver si superaba mi vértigo y aprendía a volar de una vez. La experiencia no ha sido la más recomendable del mundo. Pero parece que aprender a golpes está en mi ADN.
Además, he pasado el segundo invierno y aún no he aprendido qué hay que hacer ante un temporal. El porqué, por muchas lluvias que caigan, estas no consiguen que los olores y los calores ajenos desaparezcan.
Tampoco ha sido todo malo, febrero. He aprendido a distinguir sentimientos y alejar miedos. Que hay personas que nunca cambian pasen lo que pasen. También, que no hay que confiar si la sensación de alarma no cese. Que después del tropiezo, viene la herida. Y que pocos te arropan cuando necesitas volver a recomponerte.
En fin, febrero, que has pasado dejando marca y cicatriz. Sólo espero que marzo tenga más compasión y traiga algo más de calor.
Has puesto patas arriba mi vida y aún no he conseguido quitarme el esmalte de principios de año.
He vuelto a saltar al vacío más de una vez, a ver si superaba mi vértigo y aprendía a volar de una vez. La experiencia no ha sido la más recomendable del mundo. Pero parece que aprender a golpes está en mi ADN.
Además, he pasado el segundo invierno y aún no he aprendido qué hay que hacer ante un temporal. El porqué, por muchas lluvias que caigan, estas no consiguen que los olores y los calores ajenos desaparezcan.
Tampoco ha sido todo malo, febrero. He aprendido a distinguir sentimientos y alejar miedos. Que hay personas que nunca cambian pasen lo que pasen. También, que no hay que confiar si la sensación de alarma no cese. Que después del tropiezo, viene la herida. Y que pocos te arropan cuando necesitas volver a recomponerte.
En fin, febrero, que has pasado dejando marca y cicatriz. Sólo espero que marzo tenga más compasión y traiga algo más de calor.

Comentarios
Publicar un comentario