Confesiones
Confieso que no hay mejor momento que el presente.
Confieso que a día de hoy no sé cómo has conseguido entrar en mi sistema defensivo. Cómo conseguiste que mi armadura se deshiciese entre tus manos.
Confieso que sigo sin ver dónde han ido a parar todos los besos que nos teníamos guardados. No entiendo porqué la luna ha dejado de ser nuestra compañera en las noches de insomnio mutuo.
La caricia que me prometiste parece haberse esfumado como el truco malo de un buen mago.
Confieso que sigo sin entender porqué los secretos se han de llevar a la espalda, cuando está demostrado que en el pecho caben muchos más. Aunque sean más dolorosos y más pesados.
Confieso que sigo comprendiendo que las alas de mariposa son más llamativas y que sigues siendo incapaz de ver las alas de ángel que me pegué con cera para aprender a volar.
Quiero confesarte que no comprendo que nos pasó para terminar siendo lo que somos hoy. Quizás dos extraños que se conocen demasiado, quizás llegar a ser lo mismo que en el inicio de esta historia.
Que no tengo ni la más remota idea de cuándo dejarás de dolerme, de cuándo pararé de llorar por mis heridas o cuándo dejaré de escribirte.
No sé cómo haré mañana para olvidarte un poco más y quererte un poco menos.
Así que, por ahora, dejémonos de palabrería y vivámonos de una vez.
Confieso que a día de hoy no sé cómo has conseguido entrar en mi sistema defensivo. Cómo conseguiste que mi armadura se deshiciese entre tus manos.
Confieso que sigo sin ver dónde han ido a parar todos los besos que nos teníamos guardados. No entiendo porqué la luna ha dejado de ser nuestra compañera en las noches de insomnio mutuo.
La caricia que me prometiste parece haberse esfumado como el truco malo de un buen mago.
Confieso que sigo sin entender porqué los secretos se han de llevar a la espalda, cuando está demostrado que en el pecho caben muchos más. Aunque sean más dolorosos y más pesados.
Confieso que sigo comprendiendo que las alas de mariposa son más llamativas y que sigues siendo incapaz de ver las alas de ángel que me pegué con cera para aprender a volar.
Quiero confesarte que no comprendo que nos pasó para terminar siendo lo que somos hoy. Quizás dos extraños que se conocen demasiado, quizás llegar a ser lo mismo que en el inicio de esta historia.
Que no tengo ni la más remota idea de cuándo dejarás de dolerme, de cuándo pararé de llorar por mis heridas o cuándo dejaré de escribirte.
No sé cómo haré mañana para olvidarte un poco más y quererte un poco menos.
Así que, por ahora, dejémonos de palabrería y vivámonos de una vez.


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