Odiame, si quieres.
Creo que habría sentido menos dolor a golpes que con cada dolorosa palabra y cada culpa mal echada. Creo que eso nunca se ve, ni se siente. El dolor del otro. Puede que lleve días internada en ese dolor. En esa sensación continua de que la solución estaba en algo más que cuatro conversaciones en una red social. O puede que, definitivamente, no estuviésemos destinados. ¿Quién sabe?
A pesar de todo, no soy capaz de odiar. A pesar de la sensación de posibles engaños. De las recurrentes dudas. De lo mucho que me faltabas. No puedo odiarte. Jamás pude. Jamás podré.
¿Cómo guardar rencor a alguien que, en definitiva, te ha hecho sentir un poco más vivo y te ha dado una lección incalculable?
Tengo mucho que aprender a día de hoy todavía. Del amor, también. Puede que quizás, necesite volver a buscar para volver a sentir que he encontrado lo que quería. Que la sensación perdure y no me vuelva a sentir atrapada estando dentro y a la vez fuera.
También, muchos reproches. A mí misma, sobre todo. El dejar de quererme como había conseguido hacer ya. El desaprender lo que ya había aprendido y me gustaba. El cambiarme por algo de lo que no me siento digna cuando adoraba la persona que era antes de empezar.
No sé si podrá haber próxima vez. Si volveremos a ser protagonistas de la historia buena de un mal escritor. Al menos, por ahora, no me creo capaz de hacer posible cualquier incapaz.
Pero mientras tanto quiero la felicidad que un cantante pregona a los cuatro vientos: Que seas feliz, aunque no sea conmigo. Que me odies, si eso es lo que quieres.
A pesar de todo, no soy capaz de odiar. A pesar de la sensación de posibles engaños. De las recurrentes dudas. De lo mucho que me faltabas. No puedo odiarte. Jamás pude. Jamás podré.
¿Cómo guardar rencor a alguien que, en definitiva, te ha hecho sentir un poco más vivo y te ha dado una lección incalculable?
Tengo mucho que aprender a día de hoy todavía. Del amor, también. Puede que quizás, necesite volver a buscar para volver a sentir que he encontrado lo que quería. Que la sensación perdure y no me vuelva a sentir atrapada estando dentro y a la vez fuera.
También, muchos reproches. A mí misma, sobre todo. El dejar de quererme como había conseguido hacer ya. El desaprender lo que ya había aprendido y me gustaba. El cambiarme por algo de lo que no me siento digna cuando adoraba la persona que era antes de empezar.
No sé si podrá haber próxima vez. Si volveremos a ser protagonistas de la historia buena de un mal escritor. Al menos, por ahora, no me creo capaz de hacer posible cualquier incapaz.
Pero mientras tanto quiero la felicidad que un cantante pregona a los cuatro vientos: Que seas feliz, aunque no sea conmigo. Que me odies, si eso es lo que quieres.


Comentarios
Publicar un comentario