Mi experiencia con el escritor.

Inciso previo: Esta carta viene de la necesidad de desahogo y de encontrar algo de luz.
            Hace aproximadamente dos años, conocí a este espécimen (para respetar su intimidad, lo llamaremos Señor A.). Aquella era una etapa bastante dura para mí. Pues todavía por aquel entonces me recuperaba de mi experiencia anterior. Al principio, fue un contacto completamente aséptico y de lo más frecuente en redes sociales. Un like por aquí, un comentario por allá.
           Un buen día, señor A decidió empezar a hablarme y me sorprendió con su frescura, su naturalidad y su ingenio. Casi sin conocerle, le conté mi herida y lo rota que se podía llegar a dejar a una persona con muy poco. Él expresó que tampoco entendía como podía alguien ser capaz de una actuación de esta naturaleza. Pero, siempre tuve la sensación de que el interés era mayor. De hecho, me confirmó poco después el deseo que le despertaba.
               Por eso, un buen día decidí limitarle las cosas y pedirle que esperase, pues todavía no estaba preparada para volver abrir mi corazón a nadie más. Él lo aceptó y seguimos siendo amigos. O eso creí.
          Hace nueve meses, y después de algún que otro "espero verte pronto" y algún que otro "qué tal te va", decidí darle una oportunidad e intentar algo más que esa simple amistad. El señor A se mostró encantado con la idea, desde la distancia diría que en exceso. Pero podía ser la emoción de conseguir algo esperado por demasiado tiempo, ¿no?.      
        Las primeras semanas fueron maravillosas. La ilusión, la idealización y el calor del verano hicieron que la magia cobrase sentido. Hasta que me sugirió ir a verle por primera vez. Petición que no pude cumplir y a la que le siguió el correspondiente: "Estoy roto. Esto me ha dejado destrozado. No quiero hablar hoy, no me salen las palabras." Traté por todos los medios que la situación mejorase y lo conseguí. "¡Estuvimos como antes! No, tía. Mejor que antes que supo que se había pasado siete pueblos conmigo."
         Pasaron dos meses maravillosos, hasta que un buen día noté la presencia de una tercera persona. No había reparado nunca en esa presencia, pues hasta ese momento no me había sembrado un atisbo de duda. Le pregunté lo típico: ¿Quién es esta persona? ¿Hay algo que debería saber? A esto le siguió su respuesta con un "por supuesto que no. ¿Es que, no confías en mí?" y el consiguiente enfado por su parte a mi "pues no mucho, la verdad". Después del enfado y la ira, llegó la explicación. Más o menos la historia tenía sentido y después de la discusión, ¿cómo no iba a tratar de creerle? 
       Pero la duda seguía como una mancha difícil de quitar. Con la sospecha continúa de que había gato encerrado. Sin ver jamás claros los papeles de los personajes en la historia. Aún así, traté de confiar. Hasta la saciedad lo intenté. Llegando a creer que el problema era mío. De que el problema era yo. De que mis experiencias pasadas y mis demonios me habían convertido en un ser incapaz de confiar.
        En el mes de Diciembre, mis sospechas se confirmaron en cierta manera y yo nunca pude volver a ser la misma. Sabiendo que la tercera persona actuaba en mi mismo papel y leía el mismo guión. Ante estas nuevas sospechas decidí modificar mi estrategia y le ofrecí abrir la relación, cosa que se negó a hacer alegando que me amaba muchísimo y no quería algo como eso para nosotros. Yo trataba de entender porqué había pasado aquello y seguir adelante. Necesitaba cerrar aquel capitulo y que la felicidad volviese a nuestras vidas. Con la esperanza de que la persona de la que me había enamorado, iba a volver.
     Pero, había una cuarta persona. Una que llevaba ahí demasiado tiempo y que empezó a pasarle lo mismo que a mí y que a la tercera. Empezó a dudar y empezó a querer saber quién era yo. Cuando advertí su presencia, se lo comenté y ambas terminamos recibiendo las siguientes frases: "Es que, me jodes la vida. No tienes ni idea del daño que haces. Quiero que salgas de ella. Estás loca y no lo soporto más."
    Seguí aguantando el tipo pese a las advertencias de mis seres queridos. Le quería y se suponía que él a mí. Me repetía continuamente un: "Seguro que no va a volver hacerme daño de esta manera." Pero volvió a suceder. Las discusiones no cesaban. Cada vez que decía o hacía algo que no entraba en sus planes, terminaba volviendo el "me jodes la vida", el "puta loca de los cojones", la ira, el desaparecer.
    Hasta este mes pasado en el que apareció una quinta persona, la que negó fulminantemente alegando que los celos eran el problema de nuestra relación. Que yo y mis problemas éramos el problema de la relación. Pero todas, tercera, cuarta y una servidora, terminamos descubriendo lo que ocurría en realidad. Que esa nueva persona no era una fan y que estaba actuando igual que lo había hecho con nosotras. Que descubrimos el engaño al que nos sometió durante días, meses y años. En definitiva, que nunca nos había amado de verdad a ninguna.
    Me enfrenté a él pidiéndole explicaciones. Su respuesta: "Estamos locas. Somos tóxicas y necesita alejarse de gente así. Que la película nos la hemos montado nosotras y quiere ser feliz y vivir en paz."
     Aún así, lo peor de todo no es el engaño. No te reprocho las mentiras. El problema no es el que jugases a dos, tres e incluso cuatro bandas. Es la necesidad de maltratarme psicológicamente como lo hiciste. El tratar de jugar con mis miedos. El culparme de que existan. El llegar a hacerme creer que soy la única responsable de las situaciones. Que yo tengo la culpa. En definitiva, el tratar de destruirme de esa manera y ni siquiera ser capaz de pedir disculpas una vez has sido descubierto. El haber hecho tanto daño a personas que creo que no se lo merecían y ni siquiera sentir arrepentimiento sincero. El que no te importasen ni siquiera las personas, señor A. Las personas que habían detrás de los cuerpos que te follabas. Estas personas, en cada uno de los supuestos errores, pedimos disculpas cuando nos hiciste creer que habíamos obrado mal. Nunca seguimos a la defensiva y atacando con nuestros demonios, porque realmente lo único que queríamos era un futuro estable y sano contigo. Pero el problema es que nunca se podrá tener algo así con un psicópata de este calibre, ¿verdad?.

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