Caer, siempre caer.

Ilustración de Daniel Ramos.©
      






 Volví a descender al Infierno. El dulce y melodioso susurro de Satanás me guía hasta él.
       Puede que desgarre mi alma una y otra vez. Pero para mí nunca es suficiente. Siempre quiero más. Mi hambre y mi sed por él nunca se encuentra saciadas. Y mi piel, mi alma y hasta mi voluntad las encuentra a su entera disposición. Aun a pesar de ser, tan sólo, una marioneta en sus manos siempre vuelvo a su lado.
          Una vez, en la Iglesia, me hablaron de la depravación. Si Dios existe, seguramente quede desterrada por esto. Con él. Con el mismísimo Lucifer, que posee una belleza mayor de la de cualquier ángel.
        Pero una vez toma todo de mí, desaparece y yo vuelvo a romperme en mil pedazos, una vez más.

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