Carta de una chica enamorada de un imposible.


Seguramente, jamás leas esto. Jamás entiendas lo importante que eres para mí. Ni yo misma lo comprendo muy bien.
Solo tengo claro que eres una de las pocas personas que ha conseguido traspasar mi coraza y poner mi mundo patas arriba.
El único que ha logrado agitar mi mundo perfecto, el fuerte de mi propia seguridad y consuelo. Ése que cree para mi propia protección. Ése que ya no sirve.
Recuerdo aún aquel día. Aquél en que el mundo podría haber acabado y nos hubiese sido indiferente a ambos.
Qué lejos quedan estos recuerdos, tan lejos...
Solo espero que algún día puedas olvidarme como yo espero hacer contigo. Que me elimines de tu mente hasta no ser más que restos de tu memoria.
Si algo me reprocho a mí misma es no haber apostado por ti, no haber confiado en tu palabra. Pero sobre todo, no haber seguido a mi instinto. En definitiva, no haber sido yo.
Tal vez, mi naturaleza se viese distorsionada por algo mucho mas allá de nosotros dos. Perdí mi norte, mi rumbo y hasta mi propia identidad luchando porque nuestro barco no se hundiese. Todo eran advertencias hacia tu persona provenientes de alguien que ha estado ahí en todo momento.
Pero huiste cuando más necesitaba ayuda y no, solo. Lo hiciste minando un poco más mi autoestima si se podía.
Puede que todos tuviesen razón. Puede que la magia, como en los cuentos, se nos terminase. Pero lo hizo demasiado pronto. Demasiado rápido. Demasiado destructivo. Dejándonos indefensos ante la adversidad de la situación. Aunque tú ya tenías la armadura puesta para partir antes de las 12.
Cada uno de los seres de mi alrededor me han reiterado, y hasta si me apuras obligado, a odiarte. A olvidarte. A erradicar tu existencia de mi vida y de mi mente como si no hubieses sido más que un sueño, pero eres algo más. Siempre has sido algo más. Porque por mucho que lo intente, tú siempre serás mi hora de aventuras.
Por eso siempre, como buena imbécil, he seguido esperando por tu regreso, aunque no fuese así.

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